Una terapia génica, cuatro años sin insulina

Una nueva terapia génica para diabetes tipo 1 prepara ya sus primeros ensayos en humanos sin inmunosupresión ni insulina externa

Por primera vez, la terapia génica para la diabetes tipo 1 ha dejado de parecer una idea lejana para acercarse a la realidad clínica. Varias biotecnológicas preparan ya los primeros ensayos en humanos con tratamientos capaces de restaurar la producción de insulina sin necesidad de inmunosupresores y, potencialmente, reducir o incluso eliminar la dependencia de insulina externa.

La diferencia respecto a otros tratamientos es enorme. Aquí no se busca mejorar el control glucémico o automatizar la administración de insulina, sino conseguir que el propio organismo vuelva a producirla y regularla de forma autónoma. Si esta línea de investigación logra funcionar en personas, podría transformar radicalmente la vida de quienes conviven con dt1: menos pinchazos, menos hipoglucemias, menos decisiones constantes y una menor carga mental para pacientes y familias.

En la Fundación DiabetesCERO ya hemos hablado anteriormente de investigaciones centradas en proteger o regenerar las células beta y también de estrategias para reeducar el sistema inmune. En este caso, el enfoque es diferente y especialmente innovador: convertir tejidos como el músculo o el hígado en pequeñas fábricas inteligentes de insulina.

¿Cómo lo consiguen? Introduciendo genes terapéuticos, como el de la insulina y, en algunos casos, también el de la glucokinasa, una enzima “sensora” de la glucosa, dentro de células que normalmente no producen insulina. El objetivo es que esas células aprendan a detectar cuándo sube el azúcar en sangre y respondan liberando insulina, imitando el comportamiento natural de unas células beta sanas.

Para transportar este material genético, los investigadores utilizan principalmente vectores víricos modificados, especialmente virus adenoasociados (AAV), diseñados para actuar como vehículos seguros capaces de llevar las instrucciones terapéuticas hasta las células diana.

Qué hace diferente a la terapia génica en dt1

La terapia génica no es “otra insulina más”. Lo que propone es actuar directamente sobre la raíz biológica del problema mediante tres grandes estrategias de investigación:

  • restaurar la producción de insulina,
  • enseñar al sistema inmune a dejar de atacar las células beta,
  • o reprogramar esas células para hacerlas invisibles al ataque autoinmune.

Cuando hablamos de restaurar la producción de insulina, la investigación se centra en introducir instrucciones genéticas capaces de activar funciones que el organismo ha perdido. Para ello, los científicos pueden sustituir genes dañados, inactivar genes que funcionan mal o añadir nuevos genes terapéuticos que ayuden a recuperar el equilibrio metabólico.

La estrategia más avanzada actualmente consiste en introducir los genes de la insulina y de la glucokinasa en células musculares o hepáticas para convertir esos tejidos en sistemas capaces de producir insulina únicamente cuando la glucosa aumenta.

Cuatro investigaciones que han cambiado el rumbo de esta línea científica

Los modelos animales son el primer gran banco de pruebas de cualquier terapia innovadora. Y en el caso de la terapia génica para dt1, los resultados que se están acumulando durante la última década son especialmente prometedores: mejoras sostenidas de glucemia, producir insulina de forma estable y, en algunos casos, revertir de forma parcial el fenotipo diabético en ratones, ratas e incluso perros.

Aun así, el paso de animales a personas sigue siendo uno de los mayores desafíos de la investigación biomédica. Antes de iniciar ensayos clínicos es imprescindible demostrar eficacia, estabilidad y seguridad a largo plazo.

Estas son algunas de las investigaciones que más han impulsado este avance:

Reprogramar células del hígado para producir insulina

Ya en 2005, una investigación consiguió reprogramar células hepáticas humanas adultas utilizando el factor PDX-1 transportado mediante un vector adenovírico. En otras palabras, se consiguió que las células empezaran a producir insulina y, tras ser trasplantadas a ratones diabéticos, reducir la hiperglucemia.

Expresión hepática de insulina y reversión de la diabetes

En 2012, otra investigación consiguió revertir la diabetes en ratas durante más de 12 meses utilizando lentivirus dirigidos al hígado. Los animales consiguieron mantener niveles normales de glucosa sin hipoglucemias significativas.

Introducir el gen de la insulina humana en adenovirus

En 2008, otro estudio  utilizó un adenovirus para transportar el gen de la insulina humana en ratones diabéticos. Los animales comenzaron a producir insulina humana y mejoraron sus niveles de glucosa. Además, la administración de glucosa aumentó aún más la secreción de insulina, demostrando que el sistema responde a las necesidades metabólicas.

El avance más cercano al ensayo clínico hasta ahora se basa en adenovirus

En 2013, los resultados de una terapia génica con el adenovirus que contiene los genes de la insulina y la glucokinasa demostraron mejoras significativas del control glucémico, reducción de HbA1c y triglicéridos y ausencia de hipoglucemias en modelos animales. La clave está en que la producción de insulina se activa únicamente cuando la glucosa aumenta. Esta investigación es muy relevante no solo por los resultados sino también porque se llevó a cabo en España por un grupo de investigadores nacionales.

En concreto, el equipo de la Dra. Fátima Bosch, del grupo CBATEG de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

El estudio administra un único tratamiento con vectores AAV directamente en el músculo de ratones y perros con diabetes, sin necesidad de inmunosupresión. El objetivo es transformar el músculo, responsable del 80% del metabolismo de la glucosa, en un tejido capaz de detectar el azúcar en sangre y producir insulina de manera autónoma.

Los resultados son especialmente relevantes y han conseguido:

  • mantener los niveles de glucosa estables durante más de cuatro años,
  • terminar con las hipoglucemias,
  • y eliminar la necesidad de insulina externa.

Esta tecnología, ha dado lugar a la spin-off Tramontane Therapeutics, adquirida en 2023 por la biofarmacéutica estadounidense Kriya Therapeutics para impulsar su desarrollo clínico. Tras obtener financiación en 2025, la compañía anunció durante el Congreso Internacional ATTD 2026 su intención de iniciar este mismo año un ensayo clínico fase 1 en personas.

Ventajas e inconvenientes de la terapia génica

El gran potencial de la terapia génica es que no plantea un tratamiento diario, sino una posible intervención de larga duración. En algunos modelos experimentales, una sola administración consigue mantener el control glucémico durante años.

Si estos resultados llegan a reproducirse en humanos, el cambio sería enorme porque:

  • reduciría o eliminaría la necesidad de insulina externa,
  • disminuiría las hipoglucemias y variabilidad glucémica,
  • aliviaría la carga mental constante de la diabetes,
  • reduciría el número de decisiones diarias, ya que una única dosis podría ser suficiente,
  • ofrecería una vida con menos dependencia tecnológica y médica.

Además, muchas de estas estrategias no requieren inmunosupresión, uno de los grandes obstáculos históricos de otras terapias avanzadas. A esto se suma que los vectores AAV ya cuentan con experiencia previa y perfiles de seguridad conocidos en otras enfermedades donde la terapia génica está aprobada.

Aunque los avances son muy prometedores, todavía quedan muchos pasos antes de hablar de una terapia disponible. Entre estos inconvenientes destacarían que los ensayos clínicos en personas apenas están comenzando y aún es necesario demostrar eficacia y seguridad en grupos amplios y durante largos periodos de tiempo.

También existen desafíos importantes relacionados con el elevado coste de producción, la necesidad de protocolos estandarizados y la regulación específica por parte de organismos como la FDA o la EMA.

La terapia génica representa una de las líneas de investigación más avanzadas, ambiciosas y esperanzadoras de la actualidad. Y, sobre todo, abre una posibilidad que hace apenas unos años parecía imposible: que el cuerpo vuelva algún día a producir su propia insulina y curar así la dt1.

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